martes, 31 de mayo de 2016

Impresiones DooM


Hace trece años me acerqué con mi madre al, por aquel entonces, Centro Mail de Callao preguntando entusiasmado por Doom 3. Llevaba siguiéndole la pista en revistas como Computer Hoy Juegos, Micromanía y GameLive el tiempo suficiente como para no poder aguantar más la espera. Y el día por fin había llegado.

El dependiente vio mi expresión de felicidad absoluta e, impávido, preguntó: "¿Pero sabes de qué va el juego?" "Por supuesto", respondí. Y con el permiso de mi madre, lo pude comprar. Realmente no era necesario ir con un adulto para comprar juegos así siendo menor pero ya tuve un susto en Alemania con mi apreciadísimo True Crime: Streets of LA y no quería más disgustos. Por fin era mío. Estuve años esperándolo y no me decepcionó.
Si Doom II marcó mi infancia en PC, Doom 3 marcó parte de mi adolescencia. Y quién me iba a decir a mí que este nuevo Doom iba a marcarme también pero ahora en mi... Cualquiera que sea la etapa de la vida a mis 26 años.

El viernes de salida volvía de viaje desde Barcelona. En coche. Y debido a una indigestión llegaba tarde. Lo tenía reservado esta vez en el GAME de Atocha. Corrimos todo cuanto pudimos, mi novia me pidió y casi hasta imploró que por favor la dejase por el camino si así llegaba a tiempo para poder comprar este título. Por supuesto no lo hice, porque me habría tirado el juego a las vías de un tren o algo peor pero por suerte para ambos, llegamos a tiempo. Pero nada me hacía sospechar la auténtica maravilla que estaba a punto de disfrutar.

Se puede resumir en tres palabras: Doom ha vuelto. Y ha machacado toda opinión que tenía formada acerca de las bondades de Doom 3 (que las tiene pero desde luego me queda claro que podría haber sido mucho más frenético). Y si machaca a su antecesor no os queráis ni imaginar lo que le hace a los FPS habituales hoy en día. Y es que ID Software, hacedores de esta obra maestra, de este juego digno del Valhala, ha tomado prestado el archiconocido Brutal Doom, lo ha montado en su motor gráfico y se lo ha llevado a la nueva generación. Y han escuchado Death Metal durante el trayecto.

Sangre, vísceras, ejecuciones, caos, power-ups, botiquines, armaduras... Es que es volver a los 90.  ¡Y esa música...!

He de decir que a estas alturas solo le he podido encontrar dos 'peros': El primero es que las cinemáticas no pueden saltarse e interrumpen el frenetismo; y el segundo es que hay momentos de transición donde tampoco estás matando demonios.

¡En breves análisis!

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