Hace trece años me acerqué con mi madre al, por aquel entonces, Centro Mail de Callao preguntando entusiasmado por Doom 3. Llevaba siguiéndole la pista en revistas como Computer Hoy Juegos, Micromanía y GameLive el tiempo suficiente como para no poder aguantar más la espera. Y el día por fin había llegado.
El dependiente vio mi expresión de felicidad absoluta e, impávido, preguntó: "¿Pero sabes de qué va el juego?" "Por supuesto", respondí. Y con el permiso de mi madre, lo pude comprar. Realmente no era necesario ir con un adulto para comprar juegos así siendo menor pero ya tuve un susto en Alemania con mi apreciadísimo True Crime: Streets of LA y no quería más disgustos. Por fin era mío. Estuve años esperándolo y no me decepcionó.


