El otro día estuve hablando de Los Sims 3 y de cómo una partida se volvió demasiado surrealista. Durante dicho artículo os comenté que hubo un sim en una de mis partidas a su segunda parte que acabó prácticamente con todo el barrio en el que residía. Y es que años de vicio dan para mucho, y si mezclamos el aburrimiento que sufrí hace nueve años durante las aciagas tardes estivales de 2008 con que acababa de descubrir Death Note tenemos como resultado una divertida pero mortal forma de jugar al simulador de vida más famoso de todos los tiempos.
