domingo, 16 de abril de 2017

Análisis - Tales of Zestiria


Título: Tales of Zestiria
Desarrollador: Namco Bandai
Plataforma: PS3, PS4, PC (Versión analizada)
Género: JRPG
Año de lanzamiento: 2015

Si me preguntan qué opino de los J-RPG diré siempre lo mismo: Es un género que me encanta pero al que no acabo de hacerme. Por lo general son juegos largos con unas mecánicas repetitivas que pueden engancharte (si no eres un fanático del género) durante unas ocho o nueve horas, pero pasado ese tiempo el juego puede acabar cargando. Me pasó sin irnos muy atrás en el tiempo con Bravely Default y sus combates de media hora donde si no sobrevivías tenías que volver a empezar.

Luego existen otra clase de títulos que me enganchan y me mantienen ahí durante toda su historia. Los más destacables han sido Golden SunTales of the Abyss y la continuación de Tales of Symphonia que salió para Wii y posteriormente para PlayStation 3: Dawn of the New World. Otras sagas como Pokémon Yo-Kai Watch así como los Mario & Luigi se consideran J-RPG aunque incluyen sustanciales cambios como para no considerarlos títulos típicos o insignia del género.

Como podéis ver, la saga Tales of es una de mis favoritas dentro del vasto mundo de los juegos de rol japoneses y soy el orgulloso poseedor (como un par de amigos míos) de varios juegos firmados por Hideo Baba y en total tendré unos ocho o nueve juegos de la saga, algunos como es el caso de los dos Symphonia, repetidos. Por lo general lo que más me gustan de los juegos son su apartado visual y su historia y lo que menos me gusta el tener que echarle horas para que mis personajes suban un par de niveles para poder hacer frente a un jefe final.

Vamos a remarcar lo de la historia porque ya he leído a más de uno por los foros diciendo que lo menos importante en un J-RPG donde el 75% del tiempo te lo vas a pasar LEYENDO, es el argumento. Vamos a remarcar también la palabra “TALES” de los juegos de Namco / Bandai que significa “Cuentos” o “Historias”. El argumento es, por tanto y bajo mi punto de vista, algo de peso por lo menos en la saga que nos ocupa hoy.

Si habéis jugado a Tales of the Abyss estaréis conmigo en que tiene varios puntos fuertes. El primero de todos es que sus personajes, pese a obedecer a ciertos clichés de las historias japonesas gozan de la personalidad y la tridimensionalidad necesaria como para considerar esos clichés únicamente como un punto de partida a la hora de desarrollar a los personajes. Por otro lado, tenemos una historia que gira alrededor de los protagonistas y que les afecta; pero que además se ven afectados, tanto ellos como sus objetivos por la situación política en la que se encuentra el mundo en el que viven.

Es algo que me fascinó en su momento del juego: Lo redondo que es. Luke, el protagonista, es un niñato malcriado, un príncipe o algo así que nunca había salido de su casa, que había vivido en una burbuja y que de repente se encuentra lejos de su casa en otro reino. Y podemos asistir a su evolución, al ver cómo aprende por las malas que no es tan genial como se piensa, que las decisiones tienen consecuencias y que hay que vivir con dichas consecuencias. La historia le pone a él y a sus compañeros en unas situaciones que son muy duras, que les hacen sufrir, que les hacen quitarse la careta de tipos duros o mujeres misteriosas para abrirse a los demás porque sencillamente no pueden soportar más la carga y necesitan que les ayuden. Pese a las grandes diferencias que existen entre unos y otros, se ven obligados a soportarse y acaban entendiéndose, apreciándose y luchando de verdad codo con codo y a lo largo de las cerca de 40h si no son más, que dura la historia acabas siendo partícipe de ese viaje y de esa camaradería. Es como leer un buen libro donde tú eres uno más.


En el segundo Tales of Symphonia el protagonista es un chico con la autoestima por los suelos que de repente se ve envuelto en una misión que le queda enorme, no se ve capacitado para seguir adelante y si lo hace es gracias a personajes como Marta, que pasan olímpicamente de lo que dice el protagonista y no solo creen en él sino que le quieren. Y pese a todo, también tienen sus problemas y acaban cansándose de la actitud victimista y derrotista del protagonista, haciendo que él empiece a darse cuenta de que vale más de lo que se piensa. En este título también tenemos una situación social bastante delicada y los protagonistas en muchas ocasiones son vilipendiados por personas ajenas al mal que les acecha.

También en ambos casos, como podemos discernir, existe una evolución de los personajes que, como ya he dicho, se ven afectados por las circunstancias. Circunstancias que nunca se alejan y que se desarrollan a la par que la historia. Si te cuentan toda la situación política y social que se vive en los diferentes continentes es para que entiendas que va a repercutir en la trama.


Todo este tocho que os he soltado es para que entendáis por qué me ha frustrado tantísimo Tales of Zestiria. Vamos a empezar presentando un poco la historia. Sorey es un chico que ha crecido alejado de la raza humana y vivido siempre en una pequeña aldea rodeado de serafines. Los serafines son como los humanos, solo que son una especie de raza superior, invisible a su vez por la mayoría de personas salvo aquellas que, como Sorey, tienen cierta afinidad.

Un día se da cuenta de que Sorey es el elegido para llevar a cabo la misión de ser el Pastor, una figura mesiánica capaz de acabar con el mal que asola al continente: El Señor de la Calamidad, o algo así. El problema es que los humanos apenas rezan a los serafines y por eso existe más maldad en el mundo. La maldad, cuando se apodera de serafines o de criaturas da lugar a infernales que vienen a ser demonios. Así que estamos en un mundo donde, para empezar, los humanos pasan de la espiritualidad y donde los serafines, en clara desventaja, buscan desesperadamente que la malicia no se apodere de la civilización.

Si todo esto fuera poco para montar una historia entretenida, hay dos reinos vecinos cuya situación es peculiar. Vamos que están a punto de darse de tortas. Conocemos a una princesa, Alisha, que es una guerrera y que nos acompañará durante los primeros compases de juego.

¿Qué hace el juego? Deciden que Sorey es el Pastor y que tiene que permanecer ajeno a tramas políticas, por lo que te presentan todo el rollo del ambiente belicoso mientras dices “Oh, soy un Pastor, tengo que permanecer al margen”, hasta que deciden que tiene que dejarse de permanecer al margen y cerrar ese hilo narrativo. Resumen: Lo han metido por meter y lo máximo que vas a sufrir es en no poder usar el viaje rápido entre ambas naciones porque "la situación es complicada". Idos a la m***. PD. El viaje rápido da la vida en este juego.


¿Qué más hace? Pues todo mal, la verdad. Somos un personaje que se alía con cuatro serafines para salvar el mundo; somos alguien que básicamente ha vivido en una burbuja, que conoce que existen el bien y el mal y que cuando se relaciona con humanos no se sorprende lo más mínimo al ver que son unos garrulos. Los buenos son muy buenos y los malos son muy malos. No hay ningún tipo de lucha interna, no hay ningún tipo de dilema moral. Es una historia que pide a gritos dilemas morales, profundizar sobre lo que está bien y lo que está mal, hablar de la ética, criticar la hipocresía de las sociedades y NO HACE NADA, no expone nada ni se toma en serio. Uno de los personajes que acaba formando partida con nosotros es una asesina que puede ver a los serafines.

Y esto estaría bien si no te pasaras el juego salvando a gente que se ha convertido en infernal por tener una visión de la moralidad distorsionada; pero parece que ser una asesina está bien visto. No solo está bien visto, ¡sino que el juego junta al adalid de la santidad con una asesina y no hay ningún tipo de conflicto entre ellos! ¿¡Pero vosotros me estáis vacilando!?

El despropósito no se queda aquí, porque no hay ninguna evolución de personajes. Empiezas siendo Sorey, un tipo idiota, campechano y bueno y acabas siendo Sorey, un tipo idiota, campechano y bueno. Durante todo el juego nos dan la brasa con cómo los anteriores pastores fracasaron en su cometido, cómo algunos incluso sucumbieron a la malicia y nos tienen que poner de protagonista al único SOSO que no sufre ningún tipo de penuria mental ni de tentación moral.



Simmone, una esbirra del némesis del juego, es la única que durante UNA frase da a entender que no todo es blanco o negro. ¡¡Una frase!! ¿Pero si sabéis que aquí hay material para hacer una historia BRUTALÍSIMA por qué os lo calláis? Si es que encima te meten ocho mil discursos tipo Naruto de “el deber”; “mis amigos”; “lo correcto”. ¡¡HACED ALGO POR TUTATIS!!

Cuando llega la recta final del juego, las últimas horas, meten la directa y todas las tramas que te has ido encontrando y por las que no has tenido tiempo de preocuparte, empiezan a cerrarse una detrás de otra con un desfile de muertes de personajes secundarios que ni recordabas y que no te importaban.

Por cierto: Si me ponéis un dragón en el logo del juego y en la intro, haced que tenga peso en la trama porque dais el coñazo durante todo el principio metiendo miedo y se queda en nada… Para colmo los combates son aburridos, las mazmorras más todavía si cabe notándose el copia y pega en los pasillos (si vas a hacer esto no pongas un desnivel porque te pasas todo el rato subiendo y bajando y canta muchísimo) y los gráficos dan pena… Que sí, que sé que el juego salió para PlayStation 3 y todo eso pero que estos tíos hicieron el Eternal Sonata que le da mil patadas… Lo de ir por el campo y encontrarte un arbusto hecho a base de cuatro planos cruzados se hacía en PS2, y si encima le pones un collider o barrera invisible para que no pueda atravesarlo es que no podéis hacerlo más cutre.

Sobre el combate lo que más me fascina es que han logrado que un concepto súper sencillo se vuelva pesado. Durante todo el juego te vas encontrando monolitos que son tutoriales donde te explican cosas del combate. ¡¡Durante todo el juego!! Madre mía, os lo resumo para evitaros dolores de cabeza: Puedes fusionarte con los serafines; cada serafín tiene un tipo de poder elemental y los enemigos son débiles a unos y otros; si encadenas combos puedes acabar realizando un ataque potente; con A haces ataques físicos y con B (mando de Steam / Xbox) lanzas artes, que son mágicas. Si no te fusionas mueres. Fin.



Pues de alguna manera se las apañan para que algo que puedes explicar en un párrafo o dos si te pones a profundizar más, les dure TODO el JUEGO. Tío, contadme una historia en cada monolito o algo…

En fin, que no sé por qué he logrado soportar el juego, pero es una pena que una historia con tantísimo potencial se haya quedado en nada. También es una pena que se hayan currado tanto los primeros escenarios y luego sean un chiste; así como los mapas gigantes llenos de absolutamente nada. Si es que me dejé la mitad de mi dinero del juego en viajes rápidos…


Llegados a este punto, no puedo bajo ningún concepto recomendar este título salvo que seas un auténtico fanático de la saga o del género. Si no, te aconsejo que te mantengas alejado porque no te va a aportar nada ni su historia, ni sus mecánicas ni nada. Una pena. Quién me iba a decir a mí que el peor J-RPG que me he pasado fuera, precisamente, de la saga que más aprecio.

Y lo siento, pero no puedo ponerle a este juego las notas que se ven por ahí. Podéis decirme lo que queráis pero esta gente sabe hacer grandes cosas y me parece una falta de respeto hacia sus mejores obras el poner, como han hecho la mayoría de personas, un 7 a este juego porque apenas hay nada que se salve. Ni los personajes, ni los combates, ni los escenarios ni, mucho menos, la historia. Doy gracias porque, al menos, no tiene errores de programación. Visuales sí que me he encontrado.

4,5/10

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